Una productora que empezó con una cámara prestada y hoy sostiene un archivo de documentales sobre el litoral argentino.
Los primeros rodajes en Paraná
Antes de tener equipo propio, el trabajo se hacía con préstamos y favores. Cubrir una marcha o un acto escolar exigía pedir la cámara a un colega y devolverla al día siguiente. Esa precariedad marcó el método: planificar cada plano, no gastar metraje y aprender a escuchar antes de encender el grabador.
El archivo como decisión de fondo
En lugar de perseguir el estreno rápido, se optó por guardar y catalogar todo lo filmado. Material de inundaciones, fiestas patronales y oficios que desaparecen quedó ordenado por localidad y año. Años después, ese archivo permitió armar documentales que otras productoras no podían sostener por falta de imágenes propias.
Pasar de la cobertura al documental de autor
El cambio llegó cuando el encargo dejó de ser suficiente. Se empezó a producir con financiamiento mixto, sumando aportes de festivales y cooperativas locales. La estructura se achicó a equipos de tres o cuatro personas, con sonido directo y cámara en mano, para poder rodar durante meses sin depender de un cronograma cerrado.
Lo que quedó de cada etapa
Hoy la productora trabaja con realizadores del interior que no acceden a las convocatorias nacionales. Se mantiene el criterio de no intervenir el relato de los entrevistados y de devolver copias a las comunidades donde se rodó. El resultado son películas que circulan en festivales regionales y en proyecciones barriales, lejos del circuito comercial.